Una “opera prima” parida con dolor
Brrr, brrr. La vibración constante del teléfono celular no me dejaba concentrar. Sonaba y sonaba. Finalmente decidí responder sin siquiera mirar quién era. Del otra lado sólo escuché: “Andrés, ¿es verdad?”. Respondí sin pensar: “Sí, es verdad, el Papa renunció. Estoy en El Vaticano y aquí es una locura. No puedo hablar ahora, te llamo luego”. Y pum, corté. Así nació esta historia.
Del otro lado del tubo estaba mi amigo, diplomático y colega periodista César Mauricio Velásquez. Corría el 11 de febrero y esa fue la primera llamada que recibí tras presenciar la noticia más impactante de mi carrera: una dimisión papal. Benedicto XVI había decidido dejar el ministerio petrino y los medios a nivel internacional se habían vuelto locos. Durante toda aquella tarde y noche mi teléfono no paraba de sonar.
Poco más de 24 horas después mi bandeja descargó un correo electrónico de César con una sencilla frase: “¿Hacemos un libro? A cuatro manos, sobre la renuncia del Papa”. Lo demás queda para el anecdotario. Ese libro ya vio la luz y se llama “De Benedicto a Francisco. Los 30 días que cambiaron la historia”.
En un principio teníamos en mente una sola cosa: parir un relato periodístico capaz de reflejar la magnitud histórica de la dimisión de Joseph Ratzinger. Esa era la gran noticia y el libro fue concebido en torno a ese acontecimiento. Al menos en un principio. Aquellos días fueron tan intensos que difícilmente los podremos olvidar. Durante el día escribíamos despachos de agencia sin parar, correteábamos cardenales, seguíamos las conferencias de prensa cotidianas del vocero vaticano Federico Lombardi, actualizábamos el blog y nuestro perfil en Twitter, cubríamos varios enlaces de radio (con estaciones de México y Argentina) y hasta respondíamos a entrevistas con cadenas de televisión de diversos países.



