La hepatitis es una enfermedad infectocontagiosa que afecta particularmente al hígado y es producida por siete tipos de virus principales identificados por las letras A, B, C, D, E F y G.

Todos tienen la capacidad de desarrollar infección aguda del hígado pero sólo los B, C y D, son responsables de las formas crónicas de la enfermedad, esto quiere decir que dura por períodos muy prolongados de tiempo, en ocasiones de por vida.

Las hepatitis virales pueden evolucionar de manera aguda o crónica. Como se mencionó al principio las variantes B, C y D se asocian a hepatitis viral crónica y hepatocarcinoma (cáncer de hígado)
Clínicamente el cuadro de todas las hepatitis virales es muy similar. Se debe a la lesión que cada tipo específico de virus ocasiona en el parénquima hepático, vasos y conductos biliares, dando lugar a lesiones que van desde un infiltrado inflamatorio reversible, acompañado de colangitis ictérica de carácter transitorio y reversible, hasta necrosis de hepatocitos e infiltración de células mononucleares con posibilidad de cirrosis y hasta carcinoma hepático.

La fase aguda aparece tras un período de incubación del virus, según sea el tipo. Se observan como síntomas previos a la manifestación propia de la enfermedad astenia, malestar, anorexia, náuseas, vómitos, dolor de cabeza y dolor en articulaciones, así como fiebre leve y de entre 38° a 39°.
Estos síntomas, a los que hay que agregar oscurecimiento de la orina (hiperpigmentada) y heces de tono claro, preceden la aparición de ictericia, una coloración amarillenta en piel y mucosas, mismos que continúan, aunque en menor intensidad, por toda la fase clínica de la enfermedad cuya duración varía de cuatro a ocho semanas.

Hepatitis A

El medio de contagio de esta variante (HVA) es a través del tracto digestivo. Clínicamente se trata de un padecimiento “benigno”, autolimitado y no deja secuelas. Suele afectar con mayor frecuencia a niños y jóvenes. En los primeros puede cursar asintomática y es bien tolerada.  En los adultos, en cambio, los puede postrar pudiendo incluso ser fatal en individuos mayores de 50 años.

Los síntomas que preceden a la instalación de las manifestaciones clínicas del cuadro patológico pueden ser sensación de debilidad física (astenia), disminución de la capacidad de movimiento o reacción (adinamia), pérdida del apetito  (anorexia), pérdida de peso, dolor en cuadrante superior derecho, cuadro gastrointestinal o gripal  y, ocasionalmente color amarillento de piel y mucosas (ictericia).

Por lo general es común en temporadas calurosas, cuando disminuye la disponibilidad de agua y cuando prevalecen deficiencias higiénico-sanitarias.

La evolución clínica va de una a cuatro semanas, con posibilidad de ser menor en niños y jóvenes. Se registra como micro epidemias en los salones de  clase de nivel preescolar y de primaria.

Hepatitis B

La produce el virus de la Hepatitis B (VHB). Se adquiere por vía parenteral (a través de la piel o mucosa mediante inyección) y por contacto directo con fluidos del cuerpo, secreciones y objetos contaminados; aún por vía ocular.  Afecta a personas adolescentes y también a los adultos.
Para la mayoría no deja secuelas, los síntomas previos incluyen artralgias (dolor en articulaciones),  erupción cutánea y signos de afectación en riñones como presencia de sangre en la orina (hematuria)  y cantidades de proteínas mayores a los valores aceptables en condiciones de normalidad (proteinuria).

La incubación del virus va de uno a seis meses. Dura tanto que a veces dificulta la identificación del origen de la infección.  Se requieren estudios de laboratorio para saber si está presente y se cuenta con esquema de vacunación específica para su prevención.

Quien es contagiado por hepatitis B  tiene la característica de desarrollar el estado de “portador crónico”, lo que es factor para dar lugar a hepatitis crónica activa.  A esta última se le atribuye ser responsable de la mitad de los casos de hepatitis fulminante asociada al virus de la hepatitis D (VHD), a su vez relacionada a carcinoma hepatocelular.
En el estado de portador crónico el paciente no parece dar signos clínicos evidentes de la enfermedad, sin embargo las pruebas de laboratorio revelan la presencia de infección y destrucción celular. La seropositividad en los pacientes puede durar toda la vida.

En la próxima entrega se abordarán las hepatitis C, D,  E, F y G.